martes, 2 de diciembre de 2008

Es hora de decidir sobre qué pulsera tenemos

La vida no es fácil. Y lo fácil no se conjuga bien con el día a día. En el tránsito diario todos nos encontramos con dificultades que tenemos que sobrellevar, aguantar, soportar y resolver. Son obligadas y necesarias. Cuando las dificultades se vuelven insoportables nos pasan factura. Y cuando las dificultades insalvables las marca un extraño es de recibo poder contar con un instrumento que nos permita tener las limitaciones que la vida nos depara por sí sola, ni una mas. Ni una mas impuesta por alguien que nos viola con sus actos.
Casos como éste son los que se encuentran diariamente las personas acosadas por sus ex parejas. Fundamentalmente mujeres, que ven como alguien se cree en derecho de decidir sobre sus vidas, tendiendo puentes hacia un final que nadie tiene el derecho de decidir. No es una cuestión del ámbito privado, cuestión que deba resolverse entre dos personas, entre particulares, cual partición de una herencia. No estamos tratando de una cuestión doméstica: hablamos de la vida de una persona. Y cuando pronunciamos tan mayúsculas palabras, toda la sociedad, y el Estado en su representación debe procurar mantener los derechos que cada uno poseemos a salvo de injerencias no deseadas.
Afortunadamente son ya bastantes los años en los que el Estado ha entendido que debe actuar de manera inequívoca y fulminante, como delito que es. Afortunadamente se han ideado medidas que tienden a dar seguridad a la víctima. Afortunadamente la sociedad pide mas esfuerzo al Estado. Por desgracia el Estado no se involucra mas allá de gestos puntuales y buenas palabras. Porque la justicia es uno de los pilares fundamentales que debe sustentar el Estado. Las carreteras son prescindibles, hasta una simple concesionaria de autopistas podría construirlas. Los parques no son fundamentales para el estatuto de persona. Pero la justicia es requisito necesario para la libertad. No lo entiende un Estado que desde hace muchos años ha descuidado la parte fundamental para promocionarse con accesorios que pagamos todos. Porque una pulsera es buena idea, siempre y cuando haya alguien controlando que se vigile lo que esa pulsera dice. Podrá ser la pulsera mas eficaz, mas bonita, del oro que recubre nuestra libertad, pero se vuelve del esparto mas realista cuando comprobamos que el Estado no controla si esa pulsera está diciendo que se va a cometer un crímen.
El Estado debería pensar menos en petroleras y constructoras beneficiadas por el poder público, y mas en funcionarios de una administración que salva vidas. Porque el Estado sin justicia no tiene ningún sentido. Porque el Estado que no defiende sus tareas fundamentales no tiene razón de ser. Porque hay que bajarse del coche oficial y mirar a los ojos.

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